viernes, 29 de octubre de 2010

Odio.

Odio tu forma de mentirme, engañándome con una sonrisa. Odio tu manera de masticar la comida como si toda la vida te fuera en ello. Odio como niegas que te gusto delante de otras personas cuando sé perfectamente que tu sientes lo mismo que yo. Odio que te muerdas las uñas. Odio cómo miras a otras chicas que no soy yo. Odio tus pantalones vaqueros, aquellos que repites un día si y otro también. Odio cuando estás con tus amigos y parece que yo no existiera para ti. Odio cuando te pavoneas delante de ellos, como si la vida fuese una competición y gana el que más corazones ha roto. Odio que intentes ser "el gracioso" y que yo sea la única que no te ría las gracias como una tonta. Odio que me abraces y me sueltes a los tres segundos. Odio tus besos en las mejillas, que parece mas bien que se los das al aire. Odio que me hables de tus novias y que yo no esté entre ellas. Odio tantas cosas de ti, pero ¿sabes qué? Más odio que nunca haya probado el sabor de tus labios. Odio no haber sido la primera para ti. Odio que cada día al despertar solo piense en ti. Odio que cada sueño que tenga, sea para ti. Odio que cada vez que oigo la palabra "amor", tu imagen salga en mi mente. Odio dedicarte cada pensamiento que tengo. Odio que tu nombre aparezca escrito al lado del mío dentro de un corazón. Odio haber fantaseado mil veces con la idea de estar entre tus brazos. Pero sobretodo, lo que más odio es que me hagas que te quiera tanto como lo estoy haciendo ahora al escribir esto.

lunes, 11 de octubre de 2010

Vuela.

Ya no tengo ganas de volar, tú me quitaste las alas y de ahí ya no supe volver a empezar.

domingo, 10 de octubre de 2010

Me gusta...

Me gusta cantar en la ducha, saltarme las normas, vivir a lo loco, no pensar en el futuro y a ser posible tampoco en el pasado, me gusta hablar en plural, sentirme querida, saber que tengo personas con las que puedo contar, sentirme única en el mundo, sonreír a los problemas y llorar de felicidad. Me gusta pensar que por un solo momento has pensado en mí, al leer esto.

Esperé demasiado.

No espero que me esperes. No espero tus llamadas. No espero tus sonrisas cuando ya está bien entrada la mañana. No espero que me beses en las mejillas y me trates como una niña. No espero caricias que calme mis ansias. Ya no. Ya no te espero.

Sonríe.

- ¿Por qué nunca sonríes? - preguntó el chico.
- Porque nunca tengo motivos. - le respondió ella. Él, crispado, se levantó de la acera donde estaba sentado y se plantó delante de ella.
- Eso es mentira. Siempre hay motivos para sonreír. Puede que tengas problemas y que lo último que te apetezca es hacerlo, pero ¿sabes qué? No cuesta tanto, no es tan difícil. Y además, nunca sabes quien puede enamorarse de tu sonrisa. Y eso, ese simple acto que creías innecesario, puede cambiar todos tus problemas. - y ella sonrió.

La vida.

Y se dio cuenta de que la vida no era eso, la vida es caer y levantarse, y volverse a caer y volver a levantarse; la vida es alegrarte los viernes y joderte los lunes, y abrazarte a quien te abrace y a quien no te abrace pues no te abrazas y punto, y no pasa nada.

Y al fondo de mis recuerdos, le sumamos otro.

Un recuerdo, una noche oscura, donde tu silueta es lo único que destaca. Tu sonríes, yo sonrío. Sé que todo cambia si tu estás a mi lado. Pero también sé que todo lo bueno se acaba. Sé que puedes cruzar una puerta y de repente todo ha terminado. Pero la vida está para aprovecharla y no voy a malgastar un segundo pensando que ya nunca serás mío de nuevo.